Cierro mis ojos y el vacío me asombra.
En medio la oscuridad voy en inercia sin saber si me acerco al horizonte de eventos.
En una breve constante, intento fluir sin preocuparme demasiado con los asteroides, intento enfocar en la luz.
No obstante, choco contra ellos y el impacto duele, y a veces cuesta respirar.
Pero justo por eso, luego retumba dentro de mí el deseo de vivir, de gritar…
Y sigo.
La vida siempre ha prosperado en sus distintas formas.
Con su simetría, con sus paradojas, con su gracia de felicidad
y con la belleza de su dolor cuál nos permite escribir…
Y me permite cantar.
Cierro mis ojos y la oscuridad ya no me asombra.
Ella hace parte del todo.
Y el todo, de mí.
